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El profundo afecto del gran poeta Rubén Darío por China

Por Kirra Zhang*

Rubén Darío fue pionero y el mayor representante del Modernismo literario en América Latina. Es también el primer poeta latinoamericano que ha ejercido una gran influencia sobre la poesía europea. De ahí, que sea reconocido como el “príncipe de las letras castellanas” en América Latina.

Su poesía se caracteriza por poseer una forma innovadora, una métrica armónica y una refinada musicalidad. Además, Darío adoptó un estilo bello, original y conmovedor para representar sofisticados tesoros artísticos y exotismo, destacando los escenarios fantásticos y el humor pesimista.

Aunque China pertenecía al otro lado del mundo, el gran poeta Darío tenía vínculos profundos con este país asiático. En sus poesías, novelas y ensayos, no es difícil percibir referencias chinas.

Escribió elogios sobre China cuando tenía sólo 18 años:

En el Asia soberana con

su tradición divina, alza

orgullosa la China

sus torres de porcelana.

–“El arte”, Rubén Darío (1885) 

En el poemario El canto errante, publicado en 1907, una vez más se alude a la concepción china.

El cantor va por todo el mundo 

sonriente o meditabundo. 

El cantor va sobre la tierra en

blanca paz o en roja guerra. 

Sobre el lomo del elefante por

la enorme India alucinante. 

En palanquín y en seda fina por el

corazón de la China; 

–“El Canto Errante”, Rubén Darío (1907)

En la Divagación, hay un párrafo completo describiendo la idiosincrasia china. Se trata de un poema amatorio, donde el propio Darío expresa su anhelo de un idilio amoroso en diversos países. Entre los versos, se encuentra un párrafo que revela el afecto y la búsqueda de las princesas chinas por el poeta. Asimismo, se menciona al poeta chino Li Bai, conocido como el “poeta inmortal”, superando los límites espacio-temporales.

¿Los amores exóticos acaso…? 

Como rosa de Oriente me fascinas: 

me deleitan la seda, el oro, el raso. 

Gautier adoraba a las princesas chinas. 

¡Oh bello amor de mil genuflexiones: 

torres de kaolín, pies imposibles, 

tazas de té, tortugas y dragones, 

y verdes arrozales apacibles! 

 

Ámame en chino, en el sonoro chino de

Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios 

poetas que interpretan el destino; 

madrigalizaré junto a tus labios. 

 

Diré que eres más bella que la Luna: 

que el tesoro del cielo es menos rico que el

tesoro que vela la importuna caricia de

marfil de tu abanico.

— “Divagación”, Rubén Darío (1894)

Darío vivió en una época en la que China fue sitiada y dividida por las potencias occidentales. Cuando los medios occidentales intentaron demonizar a China, Darío dio un paso adelante y se mantuvo junto al pueblo chino. Como escribió en uno de sus poemas: “¿No es más bien un lugar de paz y ensueño, esa China noble y poética que se ha ido a despertar a cañonazos?” (Rubén Darío, La Caravana Pasa, 1903)

Aun siendo un poeta arraigado en América Latina, Darío mostraría un apoyo moral digno de mérito a China. Se sentía profundamente atraído por la cultura china y preocupado por la situación en este país asiático, tanto que incluso defendió al pueblo chino contra la injusticia.

Darío murió la noche del 6 de febrero de 1916, en Nicaragua, a consecuencia de una enfermedad. A lo largo de su vida, la visión que Darío tenía del mundo nunca se limitó a la época en que vivía, sino que fue mucho más allá de los límites de su tiempo. Durante la transición del siglo XIX al siglo XX, dominada por la intranquilidad y la decadencia, la belleza que estaba ausente en el mundo real siempre se podía encontrar en la poesía de Darío y en las imágenes poéticas que él creó.

*La autora del artículo es una turista de China.

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