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La “tercera batalla del petróleo” confirma el poder de Hafter y el este libio

El presidente francés, Emmanuel Macron (i), toma asiento durante su reunión con el primer ministro libio, Fayez al-Sarraj (d), y con el mariscal Jalifa Hafter (2-i), en el castillo de La Celle, en París (Francia). EFE/Archivo

Por Mohamad Abdel Qader | Trípoli | EFE.-

Casi desapercibida en la prensa mundial, la llamada “tercera batalla del petróleo” -librada a finales de junio- ha confirmado el poder político y militar del mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia.

Expertos y analistas en la zona añaden que el triunfo de Hafter en el golfo de Sidrá -esencial para el control de los recursos energéticos- supone igualmente un duro mazazo para las aspiraciones del gobierno que sostiene la ONU y apoya la UE en Trípoli, rival del militar.

“No es un descubrimiento decir que quien controla los recursos en Sidrá y Ras Lanuf controla el país. Es una evidencia. El petróleo es la única riqueza que explota Libia, su fuente esencial de ingresos desde hace décadas”, explica a Efe Hassan Z., un periodista libio afincado en Túnez.

En la misma línea se pronuncia un analista de los servicios de inteligencia de un país europeo destinado en la zona, que augura un incierto y difícil futuro para el gobierno sostenido por la comunidad internacional en Trípoli si el núcleo de la economía nacional sigue en manos de su enemigo.

“Unas elecciones como las que pretende celebrar la ONU a finales de año pueden darle a una de las partes en conflicto la legitimidad democrática. Pero no le servirá de nada si no puede gestionar también los recursos petroleros”, afirmó la fuente, que pidió el anonimato.

Hafter, un miembro de la cúpula militar que contribuyó a aupar al poder al dictador libio a Muamar al Gadafi (1969-2011) y que años después, reclutado por la CIA, se convirtió en el principal opositor en el exilio-, conquistó el golfo de Sidrá en septiembre de 2016, en la llamada “segunda batalla del petróleo”.

Regresó al país en 2011 para sumarse a los grupos rebeldes que derrocaron a Gadafi y aprovechó la ofensiva de las fuerzas del oeste contra la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico en Sirte, para expulsar del área a Ibrahim Jidhran, un conocido señor de la guerra con lealtades cambiantes.

El propio Jidhran, cuyos vínculos se han estrechado con Trípoli, lanzó el pasado 14 de junio una nueva ofensiva militar contra los puertos de Zueitina y Hariga, aprovechando a su vez que el grueso de las tropas de Hafter se hallaban en el frente de Derna, capital del salafismo radical en Libia.

Sin embargo, la mayor capacidad del mariscal -al que respaldan los gobiernos de Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Rusia- no solo le permitió resistir sino ganarle terreno a Jidhran.

Horas después de reivindicar la victoria militar, Estados Unidos, Francia y otros países que sostienen al gobierno en la capital -que al igual que el tutelado por Hafter carece de legitimidad democrática- exigieron que “los recursos petroleros queden en manos del pueblo libio”, en alusión a Trípoli.

La Compañía Nacional libia de Petróleo (NOC, en sus siglas de ingles), agencia vinculada al Gobierno sostenido por la ONU- exigió, por su parte, recuperar la gestión de la producción y exportación de petróleo.

Este lunes, la propia NOC se vio obligada a declarar el “estado de fuerza mayor” en Zueitina y Hariga después de que la agencia similar bajo tutela del Parlamento de Tobruk impidiera atracar a dos grandes buques con contratos petroleros firmados con el Gobierno en Trípoli.

“Esta es solo una batalla más, pero demuestra que Hafter tiene una capacidad bélica mayor que antes. Desde el punto de vista militar sigue siendo el actor mas fuerte, y puede imponer algunas de sus exigencias”, insiste Hassan Z.

Una percepción que comparte el analista de inteligencia, quien advierte de que la ONU tiene un problema si quiere llevar adelante las elecciones presidenciales legislativas, “para las que va a necesitar la colaboración del militar”.

En una entrevista concedida el pasado enero a la revista “Jeune Afrique”, Hafter aseguraba que “Libia no esta madura para la democracia”.

Meses después, con el control del este del país y asegurado el negocio del petróleo, parece más inclinado a involucrase -con sus condiciones- en un proceso electoral en el que según coinciden todos los expertos tendría mucho que ganar.

“Todo dependerá de la guerra del petróleo. El futuro de Libia se juega en Sidrá y Ras Lanuf. Así fue durante la revolución contra Gadafi y así será en el país que ha quedado atrás”, sentencia el periodista.

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