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La protesta y los relatos de horror de los rohinyás reciben en Bangladesh a Guterres

El secretario general de la ONU, António Guterres. EFE/Archivo

Por Azad Majumder | Kutupalong (Bangladesh), EFE.-

Abrazada a su hijo de cuatro meses, fruto de una violación en grupo en el estado birmano de Rakáin, Fathema no podía parar de llorar mientras esperaba para relatar su historia al secretario general de la ONU, António Guterres, en uno de los campamentos rohinyás de Bangladesh.

Fathema formaba parte de un grupo de veintitrés mujeres y niños de esta minoría musulmana que se entrevistaron hoy en un centro de distribución de ayuda en el campamento de Kutupalong con Guterres, de visita en Bangladesh junto al presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, y el alto comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi.

Pero ni la idea de conocer al secretario general de la ONU ni las risas de su hijo, Mahmudul Hasan, hicieron cambiar la expresión de la viuda Fathema, que no conoce al padre del pequeño por ser fruto de una violación dos meses antes de que comenzase la crisis que el pasado 25 de agosto empujó a más de 700.000 rohinyás a Bangladesh.

“Vivo aquí sola, no sé quién es el padre del niño”, afirmó a Efe, sin ofrecer más detalles sobre si la habían violado militares birmanos o grupos paramilitares, como en otros casos documentados por organizaciones no gubernamentales en los campamentos.

A su lado, Nurjahan, también parte del grupo y víctima de una violación, explicó que Fathema hizo todo lo posible por abortar, pero el bebé acabó naciendo de forma prematura en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Bangladesh.

Previamente, Guterres se había entrevistado con un grupo de veintitrés hombres rohinyás, que, a diferencia de las mujeres, se mostraron más impasibles e incluso pusieron en tela de juicio el reciente acuerdo entre la ONU y el Gobierno de Birmania (Myanmar).

Firmado a principios de junio en Naipyidó, el memorando establece un marco de cooperación para crear las condiciones para la repatriación “voluntaria, segura, digna y sostenible de refugiados rohinyás a sus lugares de origen o de su elección”, una situación que, según la ONU, todavía no existe.

“No sabemos por qué la ONU falló a la hora de mencionarnos como rohinyás en su reciente acuerdo con Birmania”, criticó el miembro de esta minoría musulmana Sayed Ullah.

Las autoridades birmanas no reconocen a los rohinyás como un grupo étnico diferenciado, ya que los consideran emigrantes bangladeshíes llegados de manera ilegal a Birmania, por lo que les niegan la ciudadanía y los derechos relacionados con ella.

Sin embargo, Guterres defendió en una rueda de prensa posterior que el memorando de entendimiento supone un “primer paso en el reconocimiento de los derechos de esta gente”, por lo que sería un gran error rechazarlo.

“El camino es una camino largo, pero cada camino comienza con el primer paso”, concluyó el secretario general.

En declaraciones a Efe, el alto comisionado de la ONU para los Refugiados indicó que el texto no contiene las palabras rohinyá ni musulmán bengalí porque se trata de un asunto “complicado”, lo que no quiere decir que no se trate de “refugiados rohinyás”.

“Entiendo que haya un poco de aprensión porque el Gobierno de Myanmar no publicó el memorando de entendimiento, a pesar de que le aconsejamos que lo hiciese”, agregó.

Pero, a pesar de todo, llama a la gente a aceptar el pacto como un “marco” que estipula cuáles son sus derechos y un “punto de partida”.

Las palabras no parecen sosegar, no obstante, a cientos de manifestantes que hoy demandaron la ciudadanía de los rohinyás y pedir compensaciones y justicia para los muertos y víctimas de daños materiales.

Algunas de estas demandas se podían leer en las pancartas que sostenían varios rohinyás durante la partida del secretario general del campo de refugiados de Kutupalong.

Un representante de los rohinyás en el masificado campamento, Mohammad Mohibulla, explicó a Efe que entregarían trece reivindicaciones a Guterres.

Mohibulla, que preside la Sociedad Rohinyá de Arakan por la Paz y los Derechos Humanos (ARSPHR), detalló que entre sus peticiones están la necesidad de que aquellos que cometieron “genocidio” contra los miembros de su comunidad en Birmania sean juzgados y les compensen, además, por las pérdidas humanas y materiales.

“Queremos regresar a Myanmar como ciudadanos dignos, con seguridad y todos nuestros derechos”, remarcó a Efe el manifestante Amir Ahmed.

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