LA PASIÓN DE UN ARTISTA.

Por: Hazel Massiel Espinoza Ortiz.
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* Empezó su pasión por el arte desde los cinco años de edad.

* Su familia fue muy humilde.

* Fue un niño muy abnegado, ayudaba en los quehaceres de la casa y por la tarde hacía sus tareas.

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Una cuchilla de machete viejo y los pedazos de ladrillos que caían de una casa vieja, fueron las primeras herramientas que abrían paso a la formación artística de Ricardo Maya, quien a sus 5 años de edad jugaba con los trozos de ladrillos que recogía y hacia pequeñas figuras que venían a su imaginación. Tuvo una niñez sana a pesar de la pobreza en la que se encontraba el país. Sus padres eran unas personas muy humildes pero a la vez muy maduras, que a pesar de su bajo nivel de aprendizaje nunca apagaron la pasión que Ricardo sentía por el arte.

Como todo niño tenía que cumplir con sus obligaciones, ayudar en casa y por la tarde hacer las tareas que le asignaban en el colegio, mientras el cumpliera con las tareas no había problema que después utilizará el tiempo libre en hacer lo que más le gustaba. Este niño en vez de salir a jugar con sus vecinos fútbol o baseboll, el prefería quedarse encerrado en su cuarto para dibujar paisajes, gente conversando, y todo aquello que llamara su atención, lo que lo hacía parecer un niño diferente pero con mucho talento.

IMG_20150131_121828Su pasión por el dibujo se convirtió en su mundo personal, el que solo compartía con sus compañeros de clases, nunca lo vio como si fuera una profesión, ni pensó que se convertiría en su medio de subsistencia, simplemente lo disfrutaba; “Cuando mis vecinos me preguntaban que me gustaría recibir de regalo, yo les respondía pinceles, acuarelas o lápiz de colores en vez de pedir zapatos, carritos o un balón”. La situación económica era difícil, la pobreza azotaba duramente por el bloqueo económico que Cuba tiene con Estados Unidos pero en medio de los escasos recursos a la gente les sobraba voluntad para ayudar y sin darse cuenta fueron sembrando un granito de arena para quien después se convertiría en un gran artista.

A los 13 años había participado en varios concursos.

A los 13 años ya había tenido la oportunidad de participar en varios concursos de IMG_20150131_121756arte a nivel de provincia y nacional, de los cuales ganó varios premios por mejor

artista juvenil. Fue a la casa cultural de su pueblo y entró a la convocatoria para ingresar a la escuela vocacional de arte, pero como era internado su mamá no quiso dejarlo ir y perdió gran parte del aprendizaje inicial básico que todo artista debe tener. “Nunca hubo un momento en que yo no pintara, al recibir clases mi libreta y los cuadernos estaban llenos de dibujos, en el colegio todos me buscaban para que les hiciera sus dibujos porque miraban mi habilidad”

“Al terminar la secundaria, como todo estudiante fui hacer el examen de admisión para obtener una beca, de 370 alumnos clasificamos 4, en cuba son trágicos los exámenes de admisión que te dejan con un trauma psicológico”.

Fue el primero de la familia en ingresar a la Universidad.

Ricardo fue el primer miembro de su familia que lograba ingresar a la Universidad, cuando hubo acabado sus estudios universitarios se vio obligado hacer un paréntesis para reubicar su camino de artista. Tuvo la suerte de entrar al instituto pedagógico José Varoni en ciudad libertad, en donde había muy buenos artistas, quienes compartían lo poquito que tenían sin perjuicio ni mala intención con los que estaban iniciando y eso era sus conocimientos.

“Ahí experimente la verdadera soledad del artista en el taller, con muy poco se puede expresar mucho, una imagen significa algo no importando como este plasmada. Muchas veces traducir lo que tu propia alma te dice no es fácil, siempre hay cosas que se te escapan.”

La ciudad de Granada atrapó a su mamá.

A los 26 años viajó con su familia a Nicaragua, era una solución temporal para ir al norte. El encanto de Granada atrapó el corazón de la mamá de Ricardo, quien quedó enamorada de la ciudad y decidió quedarse. “Me gusto la cuidad, es una ciudad que la puedes caminar, una ciudad humana con gente carismática y de buen corazón dispuestas a ayudar a los demás a cambio de nada y como conocía la historia me gusto más”.

Hoy en día Ricardo es un señor que desde sus 26 años vive en Granada, tiene un taller frente al convento San Francisco de la calle Arsenal, por su talento los extranjeros que transitan la zona quieren comprar sus cuadros pero no siempre puede venderlos porque su mayoría son encargos. El vende sus obras en dos sitios web y es de esa forma que ha ganado popularidad en el mercado internacional.

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