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La cuarta fue la vencida

  • Editorial del COSEP

Empiezo a escribir estas palabras todavía embargado por la emoción vivida la noche del domingo al lograr Nicaragua la medalla de oro del béisbol de los XI Juegos Deportivos Centroamericanos al vencer en la final al equipo de Panamá por un marcador de 3 carreras a 1.

Realmente, es muy difícil poder describir en palabras los sentimientos que sentimos todos los nicaragüenses congregados en el nuevo estadio Dennis Martínez cuando cayó el último out y empezó a escucharse en una sola voz a los aficionados presentes cantar “Con un pedazo de cielo mi Nicaragua se formó”, en uno de esos momentos únicos que nos da la vida mostrando a una Nicaragua unida alrededor del sentimiento patrio.

La emotividad, la pasión, el orgullo, la celebración, la alegría que se conjugaron en ese momento, producto de la victoria, y como justo epílogo al trabajo, la inversión, la organización, el voluntariado, la entrega que vivimos cada día de esas imborrables dos semanas en la historia del deporte nicaragüense.

Con estos inolvidables juegos centroamericanos como marco, el pasado viernes, tuve la oportunidad de participar y saludar en nombre del sector privado en la Tercera Gala Olímpica 2017, dedicada in memoriam al profesor Itsvan Hidvegui, y que reconocía a los mejores atletas nacionales (más de 90) en 31 disciplinas deportivas.

Al llevar el saludo de COSEP a los asistentes, de manera particular, le dimos la bienvenida a los invitados internacionales a esta Nicaragua que crece de manera sostenida, a esta Nicaragua que respira y brinda seguridad, a esta Nicaragua de puertas abiertas, a la Nicaragua siempre hospitalaria.

Expresé que tenía sentimientos encontrados al dirigirme a ese público ya que durante los últimos años me ha tocado representar al sector privado de mi país, sin embargo, antes de entrar a la vida gremial tuve el privilegio de ser parte de la familia olímpica nicaragüense en calidad de presidente de la Federación de Levantamiento de Pesas, y también participé como miembro de la Federación Nicaragüense de Beisbol y como impulsor del softball empresarial y nocturno.

Traje a colación esa experiencia porque me tocó ser parte de la vida deportiva del país en los tiempos duros para el deporte, en donde la infraestructura era limitadísima y los recursos escasísimos. Que contraste con lo logrado hoy.

En esos tiempos se buscó que Nicaragua fuera sede de unos juegos deportivos centroamericanos conscientes de la importancia que esto iba a tener para los jóvenes y del impacto que iba a provocar en la infraestructura y en la organización deportiva del país.

De hecho, se buscó la sede tres veces, pero en cada una de esas ocasiones no tuvimos la capacidad como país de realizarlos. Dice un famoso adagio popular que la tercera es la vencida. Para nosotros la cuarta fue la vencida. Y qué bueno que fue así, que bueno que las autoridades insistieron en obtener la sede y que hicieron posible finalmente la realización de estos juegos.

Es por ello por lo que hoy debo reconocer y aplaudir el trabajo de las autoridades de gobierno, de la municipalidad de Managua y las otras municipalidades que fueron sede de disciplinas deportivas, de la presidencia del Comité Olímpico y todos sus miembros, de los trabajadores del estado, de la alcaldía, de la policía, de las empresas que apoyaron y de los miles de voluntarios que hicieron de estos juegos un éxito.

También me siento orgulloso como nicaragüense de la inversión de aproximadamente 70 millones de dólares que se hizo en infraestructura deportiva, de cada una de estas nuevas instalaciones. Esto es un legado invaluable para la juventud de nuestro país.

Y más orgulloso aún de nuestros atletas, que, en medio de sus limitaciones, hicieron posible que los juegos fueran un éxito también por sus resultados deportivos.

La medalla del beisbol fue la número 58 de oro para Nicaragua en la justa deportiva, solo una menos del récord alcanzado en 1990, y la medalla número 216 en total, lo que es la mayor producción lograda por nuestro país en esta competencia regional.

Estos resultados permitieron que Nicaragua terminara en tercer lugar. Un gran salto en relación con el sexto lugar alcanzado en los juegos de San José.

Sin contar las tantas alegrías que nos dieron a los fanáticos.

Ellos hoy han dejado sembrada una semilla invaluable en nuestra niñez. Desde el sector privado debemos sumarnos para que esta semilla produzca una nueva generación de deportistas en el país.

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