Excandidato sandinista dice que el fin del Gobierno de Ortega es cuestión de tiempo

Opositores participan en una marcha por la libertad de los “reos políticos” en el marco de las protestas contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega, en Managua (Nicaragua) hoy, sábado 11 de agosto de 2018. EFE

Managua | EFE.-

El fin del Gobierno del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que afronta una crisis política desde abril pasado que ha causado cientos de muertos, es solo cuestión de tiempo, dijo hoy el excandidato sandinista a la presidencia del país centroamericano Edmundo Jarquín.

“Para Ortega, la represión no le conduce a ninguna parte y, por el contrario, está sellando su final por el repudio entre los ciudadanos, la reacción internacional, y el deterioro de la economía que nadie, dentro y fuera del país, atribuye a otra causa que no sea su empecinamiento terrorífico”, dijo Jarquín, sandinista disidente, en un artículo enviado a los medios locales.

Según Jarquín, que se desempeñó como embajador en España y México durante el primer Gobierno sandinista (1979-1990), el intento del mandatario de proyectarse como un factor de estabilidad en la región centroamericana “ha terminado”.

“El consenso regional e internacional es que su permanencia en el poder es precisamente la causa de inestabilidad en Nicaragua y la región centroamericana”, valoró.

A juicio de Jarquín, ha sido inútil el rechazo del Gobierno de Ortega a la resolución del Consejo Permanente de la OEA para establecer un Grupo de Trabajo sobre Nicaragua, que fue integrado hace dos días.

“El Grupo se integró, y por más que se mantenga el rechazo del Gobierno al mismo, su papel en la solución de la crisis será inevitable”, apuntó.

Advirtió que la persistencia del rechazo de Ortega al Grupo de Trabajo “arriesga más sanciones, y es importante recordar que la resolución que creó el Grupo de Trabajo, y su propia integración, fue respaldada por la casi totalidad de países del continente, incluyendo los más grandes”.

Siempre en el plano internacional, continuó Jarquín, Ortega apuesta por que el futuro gobierno mexicano que en diciembre presidirá Andrés Manuel Lopez Obrador le apoyará, que Brasil podría cambiar su posición tras las elecciones de octubre próximo, y que recuperen los precios del petróleo y Venezuela concurra en su ayuda.

“Pero se equivoca. El nuevo presidente mexicano no será insensible a una opinión pública mexicana que ha condenado a Ortega, y no agregará más temas a su complicada agenda con Estados Unidos”, observó.

“Los resultados electorales de Brasil son inciertos y difícilmente un nuevo gobierno abandonará el consenso regional; y aunque suban los precios del petróleo, la abrupta caída de la producción no permitirá a Venezuela ocuparse de otra cosa que no sea el alivio de su precaria situación económica”, añadió.

Internamente, dijo Jarquín, el intento de recomponer la presencia de la Conferencia Episcopal en el diálogo nacional “ha fallado”, los presos políticos han agregado una demanda que ha galvanizado aún más a la oposición Alianza Cívica, y la criminalización de la protesta y la represión judicial ha aumentado el inventario de violaciones a los derechos humanos en el registro de los organismos internacionales.

“Y en el plano económico, los costos actuales de la crisis son solamente un anticipo de mayores pérdidas y restricciones que terminarán incrementando el repudio de la población”, alertó Jarquín, que opinó que Ortega no va a ninguna parte y el fin de su Gobierno “es solamente cuestión de tiempo”.

Nicaragua vive desde abril pasado una crisis sociopolítica que ha dejado entre 317 y 448 muertos, según diversos organismos humanitarios, aunque el Gobierno reconoce 197, y que es la más sangrienta desde la década de 1980, también con Ortega como presidente.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta del país, Rosario Murillo, se iniciaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.

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