España permite que el barco Open Arms llegue a Barcelona

Por RENATA BRITO y FRANCES D’EMILIO | Associated Press.-

La luna llena era la única luz cuando un aterrorizado niño de 9 años de la República Centroafricana subía a una lancha inflable parchada con cinta adhesiva; arriesgaba la vida en las oscuras aguas frente a la costa libia con sus padres y otros 57 migrantes que habían contratado a traficantes.

Después de una larga noche en el mar Mediterráneo, una embarcación española de rescate los avistó en el horizonte después del amanecer.

“La gente gritaba, yo tenía miedo”, dijo el chico, Krisley Dakouada. “Pero cuando vi el barco de rescate, supe que se había acabado el peligro”.

El salvador del sábado fue el Open Arms, que se convirtió en el tercer barco de rescate administrado por grupos de asistencia humanitaria que desata la ira del ministro del interior de Italia, Matteo Salvini, que es contrario a los migrantes. Anunció que el nuevo gobierno populista de Italia ya no permitirá a barcos de rescate atracar en puertos italianos, a donde han llegado miles de migrantes rescatados en el mar en los últimos años.

Malta respondió con molesta a la afirmación de Salvini de que la nación mediterránea era la más cercana al barco de rescate y debería facilitarle un puerto seguro.

Al anochecer del sábado, España permitió que el Open Arms atracara en Barcelona, donde el grupo humanitaria que opera el barco, Proactiva Open Arms, tiene su sede, dijo el gobierno español.

El Open Arms y el barco que lo acompaña, el Astral, quizá tarden cuatro días para llegar a Barcelona, dijo el capitán del Astral, Riccardo Gatti.

También el sábado, en otro rescate, más al oeste de la zona central del Mediterráneo donde el Open Arms efectuó el rescate, las autoridades españolas salvaron a 63 migrantes que intentaban alcanzar la costa sur de España desde el norte de África.

Mientras los políticos europeos reñían sobre a dónde debían dirigirse los migrantes, los que fueron rescatados por Open Armas estaban alborozados: saltaban, cantaban y abrazaban a sus socorristas.

Krisley se tranquilizó cuando le permitieron ocupar durante unos minutos el asiento del capitán. Con sus ojos vivarachos, el único niño entre los migrantes sonrió tímidamente cuando la tripulación del barco de rescate le decía “capitán”.

La familia del menor había permanecido meses en Libia mientras esperaban la oportunidad de cruzar el Mediterráneo.

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D’Emilio informó desde Roma. Stephen Calleja contribuyó desde Malta y Aritz Parra contribuyó desde Madrid.

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