Argentinos, eufóricos en Trujillo por el privilegio de ver al papa

Por Francisco JARA | AFP.-

El argentino Carlos Rojas se colocó la camiseta del club de fútbol Boca Juniors para saludar en la ciudad peruana de Trujillo a su compatriota el papa Francisco, un fervoroso hincha de un equipo rival.

“Él es de San Lorenzo (de Almagro), pero no importa. Le dimos con un palo igual siempre” al equipo del papa, dijo entre risas Rojas a la AFP mientras soportaba el calor con una docena de argentinos en la Plaza de Armas de la ciudad de la eterna primavera.

“Tenemos un grupo de argentinos residentes acá en Trujillo y estamos formando una asociación para, de a poco, mantener las tradiciones, nuestras culturas”, dijo Rojas, de la ciudad argentina de Santiago del Estero.

Estos fieles argentinos son más afortunados que los que viven en su país, pues Francisco no ha regresado a su patria desde que fue elegido papa hace cinco años.

En la plaza comenzaron a congregarse miles de fieles desde el amanecer, por lo que debían esperar y soportar el calor casi 10 horas antes de ver al papa, quien encabezará la tarde del sábado una ceremonia mariana, en el penúltimo día de su visita a Perú.

Para ver de más cerca al papa, estos peregrinos optaron por ir a la plaza y no a la playa de Huanchaco, en la periferia de Trujillo, donde Francisco ofició una misa multitudinaria en la mañana.

Carlos Rojas era el único del grupo de 15 argentinos con camiseta de Boca; varios otros lucían la albiceleste de la selección argentina.

“No nos importa el sol, el calor, acá vamos a estar. Lo estamos esperando a Panchito”, manifestó Héctor David Pereyra, de la provincia argentina de Tucumán.

Los argentinos eran una minoría entre los fieles de la plaza, donde casi todos eran peruanos.

“Yo he venido particularmente por mi devoción, me he emocionado al escucharlo”, dijo a la AFP Mónica Félix, quien no ejerce su profesión de arqueóloga sino que tiene un negocio en Trujillo.

Ella, que llegó a las 06H30 de la mañana a la plaza, fue afortunada: pudo conseguir una banca para esperar al pontífice. Casi todos los demás debieron aguardar de pie o sentarse en el suelo.

– También algunos perjudicados –

Vendedores de artículos religiosos viajaron casi seis horas desde la ciudad norteña de Motupe hasta Trujillo para ofrecer sus mercancías durante la visita papal, en la plaza y en la playa.

Viajaron en siete minibuses cargados hasta el techo de alimentos, bebidas y ropa, aparte de los artículos en venta, entre ellos rosarios a cinco soles (un dólar y medio).

Llegaron desde Motupe el martes y han dormido “en los propios carros”, contó la comerciante Rosa Niño a la AFP.

Pero la devoción por el papa también dejó algunos damnificados en Trujillo, la mayor ciudad del norte de Perú. Entre ellos unas 350 personas que sufrieron desmayos u otros problemas de salud en los encuentros masivos.

Las restricciones al tránsito e incluso al desplazamiento peatonal por la visita del papa también alejaron a mucha gente del centro, perjudicando las ventas de algunas tiendas el sábado, que suele ser el mejor día de la semana.

Así ocurrió en el salón de belleza “Imágenes”, que cada sábado está lleno y ahora solo había atendido a dos clientas, afectando los ingresos del dueño y 10 empleados, contó la peluquera Benilda Caipo.

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