Algunas reflexiones sobre el 22 de Enero de 1967

Por Edgard Macías Gómez

Leyendo un artículo de Enrique Sáenz acerca de que es importante reflexionar sobre la masacre del 22 de Enero de 1867, se me ocurre que sí, es importante reflexionar así como analizar un poco y sacar conclusiones y responsabilidades de todo lo ocurrido, tanto en lo que se refiere a la actuación de la dictadura somocista como de la oposición. Generalmente solo se resalta la actuación de la dictadura especialmente de la G.N. y se hace aparecer a la oposición como víctima, sin hacer ver sus errores.

Es verdad que la G.N. sobre reaccionó ante los acontecimientos, masacrando sin piedad a los manifestantes y causando entre 200 a más de mil muertos,  sin incluir a las centenares de heridos. Es verdad que mostró una brutalidad absurda hasta hacer llegar sus tanques frente al Gran Hotel, en donde se encontraban parte de los dirigentes que organizaran esa manifestación, como si se trataba de un campo de batalla en el hoy Irak o Siria.

Pero mi propia vivencia personal- no me lo contaron- demostró que la sobre reacción de la G.N. sobre la manifestación no se debió a su molestia por los gritos de consignas y la movilización ciudadana, sino también a la acción de ciertas personas o pequeños grupos ligados a la oposición conservadora tradicional, que incitaron a la  violencia, provocando la reacción de la G.N. Sabemos que algunos dirigentes de la manifestación esperaban contar con la participación de altos dirigentes del ejército y de la iglesia para propiciar un dialogo que llevara a una renuncia del general Somoza, pero dicho objetivo estaba totalmente fuera de la realidad y solo cabía en la mente calenturienta de esos líderes.

Mi propia experiencia me enseñó que ese día el pueblo también fue utilizado como carne de cañón por ciertos sectores que por su propia iniciativa, hicieron llegar armas de pequeño calibre a la manifestación para atacar a la G. N. mostrando siempre una falta de respeto a la vida de los ciudadanos.

Para mí, para Adolfo Bonilla, y la dirigencia del Movimiento Sindical Autónomo de Nicaragua, MOSAN,  hoy CTN, que el año anterior, 1966, acabábamos de vivir una tragedia inmensa con el asesinato de nuestra líder Lidia Maradiaga, activista del sindicato de campesinos de trabajadores de la mina de yeso de Santa Rosa del Peñón, y aún estábamos dolidos por ese asesinato, una manifestación como la de ese día, significaba otro peligro; los sindicalistas no habíamos sido tomados en cuenta en la planificación de ese evento, todo se hizo a nivel de la dirigencia política, de manera que cuando  asistimos a la manifestación lo hicimos en carácter personal y simplemente por ir a ver como se desarrollaba, en otras palabras de curiosos, ya que como dirigentes sindicales, no fuimos tomados en cuenta ni sabíamos nada de lo planeado. Adolfo incluso, que como dije, siempre ha sido un aficionado a la fotografía y cargaba una buena cámara, no se imaginaba que los acontecimientos se tornarían violentos y aún tuvimos la osadía de bajar desde el hormiguero hacia el  lago, sobre la avenida en donde estaba tendida la GN en posiciones de combate corriendo el peligro que nos reconocieran como opositores y nos apresaran.

Tomé conciencia de cuál era la intención de algunos sectores, cuando estando en la esquina del  almacén Carlos Cardenal y la avenida Roosevelt, vi llegar una camioneta con numerosos rifles- que no eran de gran calibre- y el afán de algunos viejos- porque eran viejos- de distribuirse las armas. Y más cuando un supuesto correligionario me deja teniendo una bandera y se larga apresuradamente ante el peligro inminente. Fue el momento en que vi claro que para algunos, la vida de los manifestantes, del pueblo, de los jóvenes, de las mujeres, no les importaba mucho, pues con dichas  armas no se ganaría una batalla a la GN y si se provocaría una reacción, como la que sucedió.

Sí, es bueno recordar el 22 de enero de 1967, la gran manifestación, pero también sacar lecciones, que nunca sirven de mucho, porque siempre hay gente que le gusta jugar con la vida de los demás que ingenuamente acuden a una manifestación de repudio que ha sido presentada como pacífica y se encuentran a la hora llegada, indefensos, en medio de una balacera. Irresponsabilidad de los dirigentes de la oposición, manipulando al pueblo. Reacción barbárica de la dictadura, a la cual tampoco le importa la vida de esos ciudadanos puesto que su psicología es la de un ejército de ocupación, y no un ejército que representa los intereses del pueblo.

Ojalá alguien pueda profundizar sobre esta funesta fecha y presentar un estudio mostrando todos los factores que incidieron en dicha masacre.

La vida del pueblo merece al menos eso.

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